La autenticidad y la fuerza de la comprensión filosófica solo puede medirse en sí y en cómo estamos a la altura del origen, en sí, suponiendo que nosotros mismos hayamos de volver a comenzar, que seamos capaces de emprender el comienzo. En la filosofía el progreso no es esencial. Lo decisivo sigue siendo solo el comienzo. El origen de la filosofía, lo repetimos, está en el atávico asombro ante el ente, el hecho de que es, y de que es así y no de otra manera. Asombro ante lo que es y no ceja de estar siendo, no cesa de originarse: que ser no sea ser, que sea nacer.
Hugo Mujica, Señas hacia lo abierto
En la escritura de Hugo Mujica, mística, filosofía y poesía confluyen en una misma zona de intensidad donde las fronteras disciplinarias pierden relevancia y el lenguaje se convierte en el lugar en el que esa tensión se despliega. En ese ámbito, el concepto cabalístico de Tsimtsum, procedente de la tradición de Isaac Luria, deja de remitir a una doctrina para adquirir una función decisiva como forma de pensar. Aquello que en su origen describe la contracción divina aparece aquí como un gesto que abre la creación, un intervalo en el que algo puede darse sin quedar absorbido por su fundamento. En esa relectura se establece una relación profunda con la filosofía de Martin Heidegger, cuyo pensamiento no comparece como contenido a explicar, sino como una exigencia que transforma el modo de decir y obliga a sostener una relación distinta con lo pensado.
En la tradición luriana, el Tsimtsum nombra la retirada del Creador para hacer posible la existencia de lo otro. Ese retiro inaugura un vacío que no se experimenta como carencia, sino como espacio de posibilidad. La plenitud se contiene para no anular aquello que emerge, y en esa contención se juega la aparición misma de lo real. Mujica lleva esta intuición hasta el punto en que deja de referirse a un origen teológico para convertirse en una forma de pensar el ser. Lo originario no se presenta como una presencia afirmativa, sino como un movimiento de retirada que hace posible todo aparecer. El vacío deja de percibirse como falta y comienza a entenderse como el lugar donde algo puede tener lugar sin quedar fijado de antemano.
Este desplazamiento se ilumina al ponerse en relación con la crítica heideggeriana de la metafísica. En ella se describe una forma de pensamiento que convierte lo real en objeto disponible y sitúa al sujeto como centro de dominio. En ese proceso, lo ente ocupa el primer plano y la diferencia que lo separa del ser se difumina hasta volverse inaprehensible. La pérdida que se produce no afecta a un contenido concreto, sino a la capacidad de atender a aquello que hace que algo sea. Mujica recoge esta deriva y la traslada al plano de la experiencia. El mundo contemporáneo no aparece desprovisto de ser, sino saturado de aquello que dificulta su percepción. El cálculo, la funcionalidad y la disponibilidad no eliminan el ser, pero lo cubren con una evidencia que desactiva la pregunta por su sentido.
El lenguaje es el lugar donde esta transformación se vuelve más visible. Cuando se somete a la lógica de la representación, pierde su capacidad de abrir mundo y se convierte en un medio que organiza y dispone. Las palabras dejan de ser un lugar de aparición para convertirse en herramientas que gestionan lo dado. En ese tránsito, el lenguaje se separa de aquello que lo hacía posible, y lo que antes acontecía en él queda reducido a lo que puede ser utilizado. Mujica no busca resolver esta situación mediante una mayor precisión conceptual, sino que la atraviesa desplazando la escritura hacia un uso en el que la palabra se contiene. La dificultad de traducir ciertos términos heideggerianos revela que hay algo en el lenguaje que resiste ser fijado. Lo que se dice se mantiene en un régimen de aproximación, como una cercanía que no se cierra sobre sí misma.
En este contexto, pensar deja de identificarse con representar y comienza a entenderse como una forma de dejar ser. La cuestión ya no pasa por alcanzar una definición más exacta, sino por sostener una relación abierta con aquello que aparece. La esencia deja de concebirse como algo estable y pasa a experimentarse como un acontecer, como un movimiento que se despliega en la medida en que se le permite hacerlo. La dificultad de este pensar no se encuentra en su complejidad, sino en la exigencia de una atención que no interviene de inmediato. Lo más cercano, el hecho de que algo es, requiere ser sostenido sin quedar reducido a una evidencia inmediata.
Esa forma de sostener adopta la figura del asombro. Se trata de un despertar ante lo que siempre ha estado presente sin haber sido realmente visto. Pensar se convierte en una práctica de vigilia, en una atención que acompaña lo que aparece sin adelantarse a ello. Mujica sugiere esta actitud mediante la imagen de un niño que pregunta sin haber fijado el marco de la respuesta. La pregunta no se orienta hacia el cierre, sino hacia la permanencia en la apertura.
LAUDES
La palabra que nombra no revela ni oculta
— Homero Aridjis
17
entre rojos tulipanes
exhala
el cordero blanco
entre blancos tulipanes
18
silencio alto
silencio
ni una voz
que despierte distancias
la piel de tus ojos
celeste
más allá
lo eterno
sin descanso
19
alba
del asombro
toda iris
como la noche
20
solo la lluvia
no es fragmento
y algún pájaro blanco
dibujando
gestos de infinito
patria de alas
el desarraigo
lo asible
de tu ausencia
21
I
como búsquedas
la pérdida
es forma de eternidad
II
perdiéndote
supe
que el encuentro
no te nombra
III
en lo baldío
la inasible llave
del encuentro
22
se pone el sol
tras la ventana
de la cocina
el té
está casi listo
23
grave
como callado
por un violoncelo
este silencio
esta ausencia
que me anega
en sed
24
por fuera
solo mis ojos
desollados
buscando el cielo
que se desnuda
por dentro
25
la media casa
derrumbada
la toda
alero
26
mientras creo ser algo
soy eso
algo
27
como una flor
en la grieta
de un muro
como esa flor
todo
en apenas
todo
28
encallado
en la orilla
de mis pasos
en los cantiles
de mi huida
bastaría cavar
un puente
un hueco
en forma de otro
Hugo Mujica, Del crear y lo creado, Poesías completas I
Este desplazamiento alcanza también a la subjetividad. El sujeto deja de ocupar el lugar central desde el que se organiza la experiencia y se convierte en un espacio en el que algo puede resonar. El vaciamiento no implica desaparición, sino una retirada que permite que lo que aparece no quede inmediatamente traducido. Pensar y sentir se entrelazan en una experiencia que no separa niveles, sino que se da como una única corriente.
La escritura recoge este movimiento y lo vuelve visible. El poema se configura mediante cortes, pausas e interrupciones que impiden la clausura del sentido. El silencio deja de percibirse como ausencia de lenguaje y pasa a operar como la condición que permite que la palabra no lo invada todo. En ese espacio, el decir se contiene y hace posible la aparición de algo que no queda fijado. El poema no describe el Tsimtsum, lo encarna como una operación del lenguaje, una contracción que abre un lugar donde lo dicho no agota lo que se da. La palabra deja de cerrar y comienza a sostener.
LLUVIAS
They said, ‘You have a blue guitar, You do not play things as they are’.
The man replied, ‘Things as they are
Are changed upon a blue guitar’
— Wallace Stevens
29
morir
el nacer
de la palabra
hasta decirse
30
letanía desnuda
las horas
y su lluvia
de arena irrepetible
las primeras gotas
y la última espera
vuelo manso
las manos vacías
31
del soplo de tu luz
mi sombra
y el encendido tatuaje
de tu irte
nervaduras
abriéndose
en mis muros
puertas
rojamente estrechas
—lo que muere al pasar
es lo que pasa—
32
cada uno
al borde
de cada uno
viajeros perdidos
entre tanto no partir
niños
saludando trenes
o en la playa
oteando
hacia lo siempre lejos
hacia el llegar
de toda partida
33
herida blanca
taja el relámpago
la noche
bastón de ciegos
la espera
34
en la charca
se dicen las estrellas
la tierra sube
incienso de tierra
la palabra
escucha la noche
y todo nombra
todo
en un pájaro tardío
35
cerca
muy cerca
se refleja un ciego
sobre mi lágrima callada
cerca
más cerca
pongo mis lágrimas
en sus ojos
para que podamos ver
36
vitral
de todo muro
la forma de tu hueco
entre mis dedos
y la muerte
silente náufrago
entre latidos
—resquebrajado
no perdido
fue el jardín primero—
37
nunca
mis pupilas
dilataron tanta noche
y solo escucho
el silbar
de un tren alejándose
38
amanece lila
entre grises chimeneas
humilde resurrección
de cada noche
un posible
volver a crearlo todo
algo así
como un perdón
39
así
como haciendo el amor
por la herida
¿no nacemos acaso
desde el dolor ajeno?
40
el iris
ahogándose
entre bahías
blanco sal
pedernal esculpido
arcángel
podría llamarse piedra
pero yo sé
que es mirada
yo
que también soy ciego
41
en las frondas
el viento gime
lo abierto
calla
o vuela
como una hoja sola
después del gemido
42
llueve
el escuchar se dilata
gota a gota
como un iris fijo
en una vasta ausencia
o en un estar transparente
como lluvias
43
bahía de náufragos
las orillas de tu llaga
alero de pájaros
mis ruinas
44
como un ciego
llamando luz al trueno
mi decir
lo que el silencio nombra
Hugo Mujica, Del crear y lo creado, Poesías completas I
En este punto, los versos de Friedrich Hölderlin adquieren su resonancia. Allí donde el peligro se intensifica emerge también la posibilidad de un giro. El peligro no se presenta como algo exterior, sino como la forma en que el mundo se organiza. La reducción de lo real a objeto disponible dificulta la percepción de otras formas de relación, pero no las anula. El giro no introduce una solución ajena, sino que se produce en la medida en que se modifica la relación con lo que ya está dado. Aquello que salva no se añade, se deja aparecer.
El Tsimtsum se convierte así en una práctica antes que en un concepto, en una forma de habitar el pensamiento, el lenguaje y el mundo. La retirada aparece como la condición que permite que algo tenga lugar. El silencio adquiere el sentido de una fidelidad a aquello que no puede ser apresado. Pensar se configura como una forma de sostener la apertura. En ese punto, filosofía y poesía convergen en un mismo gesto: mantener el umbral en el que el sentido todavía no se ha fijado, pero comienza a darse, sin apresurarlo, sin reducirlo, sin traicionarlo.
Pensar es ceñirse a un único pensamiento, uno que acaso llegue a sostenerse, con el tiempo, como una estrella en el cielo del mundo. La pregunta por el sentido del ser fue ese pensamiento único al que Martin Heidegger consagró su meditación, atendiendo tanto a lo pensado como a lo omitido por los filósofos que lo precedieron, a lo dicho o apenas insinuado por los poetas que admiró, y al silencio resguardado en las palabras de los místicos a quienes concedió respeto. Se trata de un pensamiento inagotable que, más que conducir a una definición cerrada, exige un retorno constante al preguntar, cada vez más esencial, más originario. El conocimiento esencial solo se hace posible desde y en la originalidad de ese preguntar.
«Hoy esta pregunta ha caído en el olvido». Esta frase, que podría leerse como una conclusión, constituye sin embargo el umbral mismo de Ser y tiempo. Son las palabras iniciales de un libro atravesado de principio a fin por una misma insistencia, una misma tensión: la pregunta por el ser, formulada bajo distintas modulaciones —la verdad del ser, el sentido del ser, el claro del ser—, pero siempre acechada por su reverso, por aquello que la vuelve urgente: el olvido del ser.
Poco después, y con una precisión que intensifica nuestra propia indigencia, Heidegger añade un pliegue más a esta situación: no solo hemos dejado de preguntarnos por el ser, sino que hemos olvidado incluso ese olvido. Se instala así una forma más radical de extravío, una pérdida que no se reconoce como tal. Olvidamos ser, olvidamos preguntarnos, olvidamos aquello que, al interrogarnos, nos abre.
Ahora bien, preguntar, en el horizonte heideggeriano, no equivale a la búsqueda de una respuesta teórica. Preguntar es un modo de exposición, una vía hacia el llegar a ser lo que somos. De ahí que la pregunta por el ser no pueda formularse de manera abstracta o externa, sino que deba plantearse desde la situación misma de la existencia que pregunta, de un modo totalizante y envolvente.
Se pregunta verdaderamente cuando el aquí y el ahora dejan de ser coordenadas neutras y se vuelven experiencia encarnada. Quien pregunta no permanece fuera de la cuestión, sino que se implica en ella hasta el punto de transformarse: el que pregunta se inserta en la pregunta, se hace él mismo pregunta.
Hugo mujica, Señas hacia lo abierto
Referencias (orientativas)
[1] Mujica, H. El saber del no saberse.
[2] Mujica, H. Señas hacia lo abierto.
[3] Luria, I. Tradición cabalística luriana.
[4] Heidegger, M. Carta sobre el humanismo.
[5] Heidegger, M. Aportes a la filosofía.
[6] Vattimo, G. Introducción a Heidegger.
[7] Gadamer, H.-G. Los caminos de Heidegger.
Rferdia
Let`s be careful out there