La bicicleta es, pues, mítica, épica y utópica. Su práctica exige una atención sostenida al presente, aunque sólo sea por los riesgos de la circulación; y, sin embargo, alrededor de ella se articula un núcleo de relatos capaz de resucitar al mismo tiempo la historia personal y los mitos compartidos. Ambos pasados, el íntimo y el colectivo, se entrelazan hasta conferir una tonalidad épica incluso a los recuerdos más modestos. Como sucede siempre, la conciencia clara del pasado alimenta también la imaginación del porvenir.
Marc Augé, Elogio de la bicicleta
Trasladar ciertas intuiciones sobre la creación al gesto de desplazarme en bicicleta exige ajustar la escala sin perder precisión. Aquí no comparece lo excepcional. Todo se decide en la repetición. Y es precisamente en ese régimen donde se deja percibir una forma de invención que no se anuncia.
Recorro cada día un trayecto que apenas varía. Las mismas carreteras, los mismos cruces, las mismas detenciones. Podría decir que lo conozco. Sin embargo, esa familiaridad cede en cuanto el movimiento comienza. Algo se desplaza siempre. A veces es el ritmo, otras la luz, otras la respuesta del cuerpo. No lo provoco. Tiene lugar. Sucede.
La repetición deja entonces de ser retorno de lo idéntico. Funciona como condición. Sin ella no habría orientación ni continuidad. Tampoco habría diferencia. Cada desplazamiento se inscribe en ese fondo y, al mismo tiempo, lo pliega desde dentro. La variación no se añade. Se produce como torsión mínima que altera la percepción de lo dado.
En ese punto, pedalear deja de ser avanzar únicamente. Supone un desprendimiento breve del orden estabilizado. La ciudad pierde su carácter de mapa reconocible y se presenta como superficie. El asfalto deja de ser fondo. Se vuelve resistencia. Los bordillos, las grietas, las fachadas adquieren relieve. No observo desde fuera. Atravieso. Y en ese atravesamiento algo se modifica.
El tiempo acompaña ese desplazamiento. No es el del reloj ni el de la urgencia. Es un tiempo que se organiza en el cuerpo. La cadencia de la pedalada, la respiración, la tensión muscular producen una duración que no controlo del todo, pero reconozco como propia. El trayecto deja de ser medio y se convierte en intervalo. Y ese intervalo se inscribe como depósito. El camino deja de ser neutro. Retiene algo de mis recorridos anteriores, de sus variaciones, de sus estados. No soy yo quien recuerda el trayecto. Es el trayecto el que comienza a sostenerme.
Hay momentos en los que advierto que el trayecto no es uno solo. Está el recorrido físico, las calles, los cruces, la materia que atravieso. Pero junto a él se despliega otro plano en el que esos mismos lugares se desprenden de su función inmediata y se reorganizan según la memoria, la atención o el estado del cuerpo. No son exactamente los mismos, aunque no hayan cambiado. Y hay todavía un tercer nivel, más difícil de fijar, en el que el trayecto deviene experiencia. No puede cartografiarse ni verificarse. Sin embargo, es lo que verdaderamente tiene lugar.
La relación con la biografía se invierte. No es mi historia la que explica el desplazamiento. Es el desplazamiento el que organiza una continuidad, abriéndola. Cada recorrido introduce una contingencia que reconfigura lo anterior. La tensión entre libertad y necesidad se vuelve concreta. No elijo el marco. Las carreteras están trazadas, el cuerpo impone sus límites, el entorno fija condiciones. Y sin embargo…el ritmo, la velocidad, una leve desviación. Gestos mínimos. Ahí se inscribe lo singular.
Cada trayecto es un pliegue. No hay ruptura con lo dado, pero tampoco reiteración pura. Lo que ocurre es una reconfiguración discreta, sin énfasis.
La bicicleta funciona como un dispositivo de percepción. Me sitúa en un punto en el que lo conocido deja de ser completamente reconocible.
De ahí su potencia, porque es capaz de abrir dentro de la repetición un espacio que no estaba plenamente dado. Un espacio que sólo existe mientras se recorre y que, sin embargo, permanece disponible, listo para reactivarse en el siguiente trayecto.
Quiero saber algo más sobre la probabilidad , me calo la capucha, todo se vuelve más tranquilo
Rferdia
Let`s be careful out there