Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá. Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor.

Isaías 60, 1-6

El episodio de los magos en el Evangelio de Mateo está lejos de ser una escena amable o meramente devocional. No es un adorno narrativo de la Navidad. Es, más bien, un texto incómodo, cargado de tensión política y religiosa, escrito para cuestionar certezas, no para tranquilizarlas.

Adoración dos magos

Xesús naceu en Belén de Xudea, en tempos do rei Herodes. E nisto uns magos de Oriente chegaron a Xerusalén preguntando: ¿Onde está o Rei dos xudeus que acaba de nacer? Porque vimos saí-la súa estrela alá no Oriente, e vimos para lle rendermos homenaxe. Oíndo isto, o rei Herodes alporizouse, e con el toda Xerusalén. Convocou a tódolos sacerdotes e letrados do pobo, para lles preguntar onde tiña que nace-lo Mesías. Eles responderon: -En Belén de Xudea, que así o deixou escrito o profeta: E ti Belén, terra de Xudea, de ningún xeito e-la máis pequena, entre as vilas de Xudea, que de ti ha sai-lo guía que sera o pastor do meu pobo Israel. Entón Herodes, ás agachadas, chamou ós magos, para se informar ben de cando lles aparecera a estrela. Logo mandounos a Belén, dicíndolles: Ide e informádevos ben do que hai dese neno; e unha vez que o atopedes, avisádeme, para ir eu tamén a lle render homenaxe. Eles, despois de oíren ó rei, puxéronse en camiño. E, velaí, a estrela que viran saír no Oriente foinos guiando ata se deter enriba de onde estaba o neno. Grande alegría sentiron ó veren saír de novo a estrela. E cando entraron na casa atoparon o neno con María, súa nai. Postráronse e rendéronlle homenaxe; logo, abrindo os seus tesouros, ofrecéronlle coma regalo ou ro, incenso e mirra. Logo, avisados en soños de que non volvesen por onda Herodes, saíron para a súa terra por outro camiño.

Mateo 2, 1-12

Para empezar, el relato sitúa el nacimiento de Jesús fuera de los lugares donde cabría esperarlo. No sucede en Jerusalén, el centro del poder religioso y del saber teológico, sino en la periferia. Y esta deslocalización no es casual. Mateo introduce así una inversión radical: quienes conocen las Escrituras no reconocen al Mesías, mientras que quienes se ponen en camino son extranjeros, ajenos a la Ley y procedentes de los márgenes.

Aquí aparece una de las claves del cristianismo primitivo. La verdad de Dios no se identifica automáticamente con la institución que dice custodiarla. Jerusalén “alporízase”, se irrita, se enfurece, no se alegra. El saber religioso, cuando se encierra en sí mismo, puede convivir perfectamente con la ceguera espiritual.

En este contexto emerge la figura de Herodes. No solo como personaje histórico, sino como símbolo de todo poder que se siente amenazado por una alteridad real. Herodes finge adoración, convoca a los expertos, cita las Escrituras, pero lo hace para conservar su dominio. El mensaje es claro: cuando el poder se reviste de lenguaje religioso, la fe corre el riesgo de convertirse en instrumento de control.

Tampoco el Mesías responde a las expectativas triunfalistas. No hay corte, ni proclamación pública, ni confirmación institucional. Jesús no inaugura un reino de poder, sino una forma alternativa de humanidad, frágil y descentrada, que descoloca tanto al poder político como a la religión organizada.

Por eso el relato culmina con un gesto decisivo. Los magos regresan “por otro camino”. No es un detalle pintoresco, sino una consecuencia ética. Quien ha tenido contacto con esta verdad no puede volver a colaborar con la mentira ni recorrer los caminos habituales del poder.

Leído así, Mateo no anuncia una victoria religiosa ni una fe confortable. Anuncia algo más exigente y, por ello mismo, más peligroso: un cristianismo sin alianzas con el poder, sin monopolio de la verdad y sin garantías históricas. Una fe que no promete seguridad, pero que sigue obligando a cambiar de camino.

Rferdia

Let`s be careful out there