Ser filósofo no consiste solo en tener pensamientos sutiles,
ni siquiera en fundar una escuela,
sino en amar la sabiduría hasta el punto de vivir conforme a ella:
una vida de sencillez, independencia, magnanimidad y confianza.
Es resolver los problemas de la vida no solo en el plano teórico,
sino también en la práctica.

Henry David Thoreau (Walden, 2008)

Y les dijo:
«Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin calzado,
¿os faltó algo?»

Ellos respondieron: «Nada».

Entonces les dijo:
«Pues ahora, el que tenga bolsa, que la tome;
y también la alforja;
y el que no tenga espada,
que venda su capa y compre una.

Porque os digo que es necesario que se cumpla en mí
aquello que está escrito:
“Y fue contado con los inicuos”.

Porque lo que está escrito de mí
tiene cumplimiento».

Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas».

Y él les respondió: «Basta».

Lucas 22, 35–38

Hay una palabra que circula en voz baja por talleres, subastas y trastiendas, una palabra que no se pronuncia en público porque conjura deseo y fracaso a la vez: sleeper. Así llaman los marchantes a la obra que duerme a plena vista, la que ha pasado por muchas manos sin despertar sospecha, la que un día, por una grieta mínima, revela una densidad inesperada. Está ahí, pero todavía no ha empezado a ser lo que es.

El marchante que sueña con un sleeper no sueña con un golpe de suerte, sino con el instante en que la obra empieza a hablar. Ese momento no es espectacular, suele ser íntimo, casi decepcionante. Un detalle que no encaja, una sombra que pesa más de la cuenta, una resistencia inexplicable a la lectura rápida. Nada grita “aquí estoy”. Todo susurra: “mírame otra vez».

https://www.rtve.es/play/videos/documaster/sleeper-caravaggio-perdido/16739475

Rferdia

Let`s be careful out there